Mentiras, mentirosos y otras formas de sobrevivir.
La mentira tiene muy mala reputación, lo cual resulta bastante injusto si se piensa con un mínimo de sinceridad, porque probablemente sea uno de los grandes lubricantes de la vida social.
Nos educan en la infancia con ese ideal tan
hermoso de “decir siempre la verdad”, una norma que los adultos incumplen con
admirable disciplina en cuanto entran en el mundo real, donde las
conversaciones están llenas de frases como “no pasa nada”, “ya te
llamo”, “estoy bien” o ese clásico universal: “lo vamos viendo”.
La verdad absoluta, esa criatura noble y
transparente de la que tanto se habla en discursos solemnes, tiene una
costumbre muy incómoda: desordenar relaciones, provocar discusiones y revelar
cosas que mucha gente preferiría seguir ignorando tranquilamente.
Por eso la humanidad ha desarrollado una habilidad
bastante sofisticada para suavizarla, rodearla, maquillarla o directamente
sustituirla por versiones más manejables de la realidad.
La literatura, que suele tener menos paciencia con
estas delicadezas sociales, lleva siglos observando el fenómeno con una mezcla
deliciosa de ironía y curiosidad clínica.
Porque las mentiras no solo ocultan lo que ha
ocurrido.
Las mentiras también crean historias,
construyen personajes, reorganizan recuerdos y, en ocasiones, cambian el
destino de varias personas a la vez.
Esta semana abrimos tres novelas que giran
alrededor de ese pequeño talento humano: la capacidad de alterar la verdad lo
justo para que la historia siga funcionando.
A veces para protegerse y a veces para manipular.
Y a veces simplemente porque la versión real
resultaba demasiado incómoda para contarla en voz alta.
El Mentiroso – Mikel Santiago
En El mentiroso, todo arranca con un hombre
que despierta después de una noche confusa, con la memoria llena de agujeros y
con la sospecha bastante inquietante de que algo muy grave ha ocurrido mientras
él no estaba en condiciones de recordarlo.
La novela funciona como una investigación
constante sobre la fragilidad de la memoria y sobre la facilidad con la que una
versión de los hechos puede instalarse como verdad simplemente porque nadie
tiene una alternativa mejor.
Santiago juega con el lector con bastante
habilidad, porque cada descubrimiento abre nuevas dudas, cada testimonio parece
incompleto y cada personaje parece saber algo que todavía no está dispuesto a
contar.
Al final uno entiende que el problema no es solo
descubrir qué ocurrió realmente.
El problema es aceptar que la verdad, cuando
finalmente aparece, rara vez se parece a la versión cómoda que habíamos
construido en nuestra cabeza.
Mentira – Juan Gómez-Jurado
Juan Gómez-Jurado se mueve en un territorio distinto, más cercano al thriller juvenil y a las narrativas contemporáneas donde la identidad se construye tanto en la vida real como en el espacio digital.
Mentira arranca con una premisa bastante actual: una
chica conoce a alguien a través de internet y lo que parece una historia de
conexión adolescente empieza a transformarse en algo mucho más complejo cuando
la realidad detrás de esa relación empieza a revelar grietas.
La novela explora un fenómeno profundamente
contemporáneo: la facilidad con la que construimos versiones idealizadas de
nosotros mismos en los espacios virtuales.
En internet todos tenemos margen para editar la
historia.
Elegimos qué contar, qué ocultar, qué exagerar y
qué borrar por completo.
El resultado es una especie de identidad narrativa
donde la verdad ya no es un hecho estable, sino una versión cuidadosamente
presentada.
Gómez-Jurado utiliza ese escenario para mostrar
cómo una mentira aparentemente pequeña puede desencadenar consecuencias mucho
más grandes de lo que nadie imaginaba al principio.
Porque en el mundo digital, igual que en la vida
real, las historias que contamos sobre nosotros mismos tienen la mala costumbre
de terminar alcanzándonos.
Elísabet Benavent – Toda la verdad de mis mentiras
Elísabet Benavent entra en el tema desde otro lugar completamente distinto: el de las relaciones personales, la amistad y esas pequeñas mentiras emocionales que mantienen funcionando la convivencia cotidiana.
La novela sigue a un grupo de amigos que se
embarca en un viaje aparentemente inocente, uno de esos planes que empiezan
como celebración y terminan convirtiéndose en una especie de campo de pruebas
para todo lo que el grupo lleva años evitando decir en voz alta.
Porque en cualquier grupo de amigos que ha
sobrevivido suficiente tiempo existe una red invisible de silencios, secretos y
versiones suavizadas del pasado.
No se trata siempre de mentiras maliciosas.
A veces son simplemente acuerdos tácitos para no
remover demasiado las cosas, para no estropear el equilibrio, para mantener
intacta la imagen que cada uno tiene del grupo.
Benavent explora con bastante precisión cómo esas
pequeñas ficciones emocionales pueden sostener relaciones durante años… hasta
que alguien decide romper el pacto de silencio.
Y entonces la verdad, esa criatura incómoda que
suele quedarse en segundo plano, empieza a ocupar demasiado espacio en el
coche.
CONCLUSION
Después de estas tres historias queda bastante claro que la mentira no es un accidente ocasional en la vida humana.
Es una herramienta narrativa que utilizamos
constantemente para explicar el mundo, para protegernos de ciertas verdades y,
sobre todo, para mantener intacta la imagen que tenemos de nosotros mismos.
La literatura no se dedica tanto a condenar la
mentira como a observarla con curiosidad, casi con cierta admiración técnica,
porque pocas cosas revelan tanto sobre una persona como la historia que decide
contar cuando la verdad completa resulta demasiado inconveniente.
Quizá por eso los buenos relatos funcionan tan
bien: porque nos permiten examinar esas ficciones desde una distancia segura,
sin tener que reconocer inmediatamente cuánto se parecen a las nuestras.
Al final todos queremos creer que nuestra versión
de la historia es la correcta.
Y cuando no lo es, siempre queda el viejo recurso
humano de ajustar ligeramente los detalles.
La verdad puede ser incómoda, pero una buena
mentira bien contada siempre encuentra público.





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