El llanto del Cíclope: Lo que Nolan cambió... y lo que comprendió de Homero
Cuando uno adapta un poema escrito hace casi tres mil años es normal tomarse alguna licencia. El problema empieza cuando pides un préstamo, derribas la casa y luego aseguras que solo has cambiado las cortinas. Christopher Nolan no hace una adaptación literal de Homero, y tampoco creo que quisiera. Lo que hace es una reinterpretación muy personal, brillante en muchos aspectos y bastante discutible en otros.
Estas son, a mi juicio, las principales diferencias:
1. El enemigo ya no es Poseidón, sino el trastorno por estrés postraumático
En Homero, Odiseo sabe perfectamente quién es desde la primera hasta la última página. Su problema es que un dios le ha jurado odio eterno. En la película, el principal enemigo vive dentro de su cabeza. Odiseo ha reprimido sus recuerdos y el viaje consiste, sobre todo, en reconstruir su propia identidad.
2. Desaparecen los dioses
Atenea, Poseidón, Hermes y Zeus dejan de intervenir en la historia. Al final descubrimos que Zendaya no era una diosa, sino la imagen de una sacerdotisa del templo de Atenea en Troya a la que decapitan durante el saqueo de la ciudad.
Una forma elegante de convertir la culpa en una divinidad.
3. Calipso absorbe el episodio de los lotófagos
En Homero existen dos episodios distintos. Primero aparecen los lotófagos, cuyo fruto hace olvidar el deseo de regresar a casan y mucho después llega Calipso.
Nolan decide fusionarlos. El loto ya no pertenece a un pueblo misterioso, sino que es Calipso quien se lo administra para mantener a Odiseo atrapado en el olvido.
Narrativamente funciona. Mitológicamente es como mezclar gazpacho y salmorejo. Están buenos por srparado, pero juntos no seria igual.
4. Se elimina prácticamente toda la cuestión de la infidelidad
En el poema, Odiseo pasa un año con Circe y siete con Calipso. Homero nunca convierte este asunto en un drama matrimonial, pero tampoco lo esconde.
Nolan opta por limpiar bastante la imagen del protagonista. El año con Circe desaparece prácticamente y la larga estancia con Calipso deja de interpretarse como una decisión, aunque estuviera condicionada, para convertirse en consecuencia del engaño provocado por el loto. Si Odiseo es infiel, resulta que es porque no recuerda absolutamente nada. Bastante conveniente.
Nolan también protege deliberadamente la imagen moral del héroe ante un espectador del siglo XXI. Resulta mucho más sencillo empatizar con un hombre engañado por la magia del loto que con otro que pasa ocho años entre dos amantes mientras Penélope sigue tejiendo y destejiendo el sudario de su suegro.
5. Polifemo pierde una de las mejores escenas de toda la literatura
El enfrentamiento con el cíclope permanece, pero desaparece el célebre engaño del nombre «Nadie». En Homero, cuando Polifemo pide ayuda gritando que «Nadie» lo está matando, los demás cíclopes creen que ha perdido completamente la cabeza y lo dejan solo.
Es una de las mayores demostraciones de la inteligencia de Odiseo.
Y duele que te la quiten.
6. Desaparece la corte de los feacios
En el poema, Odiseo llega al reino de Alcínoo, donde narra todas sus aventuras antes de recibir el barco que finalmente lo lleva a Ítaca. Es el gran eje narrativo de la obra.
Nolan elimina todo ese bloque y sustituye el relato por una sucesión de recuerdos fragmentados. Es una solución muy propia de su cine y, probablemente, la única manera de contar la historia sin hacer dos películas y una edición del director de ocho horas.
Aunque, conociéndolo, tampoco descartaría que esa fuera su primera idea.
7. Sinón deja de ser un maestro del engaño para convertirse en una víctima
En Homero, Sinón es el hombre que consigue convencer a los troyanos para introducir el caballo dentro de la ciudad.
En la película pasa a ser un joven sacrificado por las decisiones de sus superiores. Su muerte se convierte en el gran remordimiento que perseguirá a Odiseo durante toda la historia.
8. Telémaco recibe un rescate que Homero nunca escribió
Antes del reconocimiento entre padre e hijo, Nolan introduce una secuencia en la que Odiseo salva a Telémaco de un intento de asesinato organizado por los pretendientes.
En el poema, ambos se reconocen tranquilamente en la cabaña del porquerizo Eumeo. Menos espectacular, pero bastante más homérico.
9. Antínoo deja de ser un pretendiente para convertirse en un personaje completamente nuevo
Esta es, probablemente, una de las licencias más radicales de toda la adaptación.
En la Odisea de Homero, Antínoo es el líder de los pretendientes de Penélope. Representa la arrogancia, el abuso de la hospitalidad y la usurpación del trono de Ítaca. Es el primero en morir cuando Odiseo recupera su identidad y reclama su reino.
Nolan conserva únicamente el nombre. Su Antínoo no es solo un pretendiente, sino tambien, uno de los jóvenes relacionados con la expedición a Troya cuya historia queda marcada por un sorteo que cambiará varias vidas para siempre. A partir de ese momento, el personaje construye toda su existencia sobre una versión muy particular de lo ocurrido durante la guerra y sobre el profundo resentimiento que siente hacia Odiseo.
Su historia termina cerrando uno de los hilos narrativos más potentes de la película en una secuencia cuya carga simbólica merece ser descubierta en la sala de cine
10. Los monstruos dejan de ser solo monstruos
Escila, Caribdis, Circe o incluso Calipso funcionan también como símbolos del trauma, de la culpa y de las decisiones imposibles.
Nolan no elimina el componente mitológico, pero lo utiliza como reflejo del estado mental del protagonista. En Homero son peligros que acechan en el mar; en Nolan también son los demonios que el héroe lleva navegando dentro desde que Troya cayó.
11. El caballo de Troya deja de ser una victoria para convertirse en una condena
En Homero es el golpe de ingenio que pone fin a la guerra.
En Nolan es el origen de todos los fantasmas del protagonista. La victoria ya no tiene sabor a gloria, sino a remordimiento.
12. El final cambia por completo
Homero termina con la restauración del orden en Ítaca gracias a la intervención de Atenea.
Nolan decide recorrer otro camino. Tras asegurar el trono para Telémaco, Odiseo y Penélope abandonan Ítaca navegando hacia Occidente. Es un final que recuerda inevitablemente a los Puertos Grises de El Señor de los Anillos: los héroes salvan el mundo, pero ya no pertenecen a él.
13. Los Pueblos del Mar entran en escena
Y aquí llega la licencia más atrevida de toda la película.
En los últimos minutos, Odiseo reflexiona sobre el colapso de la Edad del Bronce, los siglos oscuros y el renacimiento de la civilización griega. Entonces pronuncia una frase tan brillante como polémica:
««Los Pueblos del Mar éramos nosotros.»
La idea que propone Nolan es clara: los héroes que sobrevivieron a la guerra de Troya terminaron convirtiéndose en los saqueadores que arrasaron el Mediterráneo oriental.
Es una hipótesis muy sugerente... pero sigue siendo eso: una hipótesis. Hoy sabemos que algunos grupos micénicos pudieron participar en aquellos movimientos, pero reducir los Pueblos del Mar a los veteranos de Troya es simplificar un fenómeno histórico extraordinariamente complejo, para el que aún no existe una explicación definitiva.
Como recurso cinematográfico es brillante. Como hipótesis histórica, probablemente más de un arqueólogo habría pedido otra copa de vino antes de firmarla.
Conclusión
Nolan no ha filmado la Odisea de Homero. Ha filmado la suya.
Cambia episodios, fusiona personajes, elimina dioses, suaviza algunos defectos del héroe y convierte un poema sobre el regreso en una reflexión sobre la memoria y la culpa. Algunas decisiones son discutibles, otras brillantes y unas cuantas harán rechinar los dientes a más de un helenista.
Pero hay que reconocerle un mérito enorme. Ha conseguido que, casi tres mil años después, volvamos a discutir apasionadamente sobre Homero.
El viejo aedo sigue ganando la partida... aunque esta vez Nolan ha logrado sentarse frente a él y jugar una partida sorprendentemente digna.
Epílogo. Cuando Nolan deja de adaptar a Homero y empieza a comprenderlo
Sería muy injusto terminar este informe hablando solo de los cambios. Porque, si algo demuestra la película, es que Christopher Nolan ha leído a Homero con mucho más respeto del que algunos le atribuyen.
La escena de Argos es un ejemplo perfecto. En el poema bastan unas pocas líneas para romper al lector. El viejo perro, que lleva veinte años esperando a su amo, reconoce a Odiseo, mueve la cola por última vez y muere.
Nolan mantiene intacta la esencia de ese momento y consigue algo extraordinariamente difícil: emocionar sin manipular. No necesita música atronadora ni discursos interminables. Basta la mirada de un perro que ha esperado toda una vida.
Algo parecido ocurre tras el episodio de las Sirenas. En Homero sabemos que su canto promete conocimiento absoluto. Nolan da un paso más y se pregunta qué ocurre cuando alguien sobrevive a escucharlo.
La respuesta de Odiseo es devastadora: comprenderlo todo tiene un precio insoportable. Ya no puede mirar el mundo igual porque ha visto lo que hay detrás de las ilusiones, de la gloria y de la propia guerra.
Es, probablemente, el momento más profundamente homérico de toda la película. No porque reproduzca literalmente el texto, sino porque recupera la idea central de la épica griega: el verdadero héroe no es quien regresa cubierto de gloria, sino quien vuelve cargando con aquello que ha visto y tendrá que recordar para siempre.
Quizá por eso la película alcanza su mayor altura cuando deja de intentar explicar la Historia y se limita a contar algo mucho más antiguo y mucho más humano: el regreso de un hombre que descubre que volver a casa no significa necesariamente volver a ser quien era.
# Mención especial a Robert Pattinson...
No quería terminar sin destacar una interpretación que, para mí, sobresale por encima del resto.
El Antínoo de Nolan sigue siendo un villano. Cobarde, mezquino, egoísta y con esa habilidad tan humana para justificar siempre sus propias decisiones mientras culpa a los demás de las consecuencias. No hace falta empatizar con él para disfrutar del personaje.
Todo lo contrario.
Y ahí entra Robert Pattinson. Consigue algo que no esperaba: por fin dejé de ver al vampiro adolescente. Cada gesto, cada mirada y cada palabra destilan resentimiento y una cobardía casi palpable, sin caer nunca en la caricatura.
Para mí, es la mejor interpretación de toda la película. Y no porque su personaje sea el más "simpático", sino porque interpretar a un auténtico gilipollas sin convertirlo en un dibujo animado tiene muchísimo más mérito del que parece.


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